Los efectos de las barreras de salida en la industria manufacturera india

Tesis: sin salidas ordenadas no hay crecimiento de la productividad. Las economías que impiden o demoran la muerte de firmas ineficientes terminan atrapando capital, trabajo y crédito en “zombis” que frenan la inversión nueva, distorsionan el empleo y erosionan la innovación. La experiencia reciente de India ofrece una base empírica y cuantitativa para repensar las reformas en América Latina.

Por qué importa la “buena muerte” de las firmas

La destrucción creativa no es una metáfora; es un mecanismo concreto: empresas menos productivas salen, liberan recursos y estos migran hacia otras más productivas o hacia nuevos entrantes. Si el Estado, los tribunales o la regulación encarecen o vuelven incierto el cierre, esas firmas no salen: quedan en dormancia, consumiendo crédito, manteniendo activos improductivos y bloqueando la reasignación sectorial. El resultado agregado es menos competencia, menos dinamismo y salarios que crecen más lento.

En desarrollo económico, solemos hablar de facilitar entrada (licencias, registro, incentivos). Mucho menos de facilitar la salida. Pero las dos caras están unidas: altas barreras de salida son, de hecho, barreras de entrada. Si sé que cerrar me costará años de trámites, pleitos y costos laborales imprevisibles, no entro o entro más pequeño.

Lo que muestra India (y por qué nos debe importar)

Un trabajo reciente con microdatos de plantas manufactureras en India identifica y cuantifica estas barreras de salida y sus efectos macro. Los autores construyen un modelo dinámico donde separan: i) costos de ajuste de trabajo y capital; ii) costos directos de salida (burocracia, justicia, red tape) y iii) el valor de rescate (scrap) al cerrar. Luego contrastan con evidencia: India tiene una de las tasas de salida más bajas del mundo formal; grandes diferencias entre estados; y una franja de empresas muy viejas y poco productivas que persisten, sobre todo donde es más caro despedir o liquidar. En los datos, muchas firmas entran en dormancia (con o sin trabajadores) antes de cerrar; es una vía de salida lenta y costosa. 

Tres resultados de política son especialmente útiles para nuestra región:

  1. Reducir solo costos de despido no es suficiente. En el modelo, bajar los costos de despedir sube el valor agregado, pero reduce el empleo; políticamente es tóxico y socialmente riesgoso, sobre todo donde el capital es rígido o caro. En cambio, relajar las barreras directas de salida (hacer más simple y predecible cerrar) aumenta valor agregado y empleo a la vez.

  2. El orden de las reformas importa. Si primero se reducen las barreras de salida (judiciales, administrativas, liquidación), y después se ajustan las reglas laborales, se mitigan los costos de empleo y se preserva la cohesión social. Mal secuenciadas, las mismas reformas pueden destruir empleo sin generar dinamismo.

  3. Subsidios de salida vs. de entrada. Con un presupuesto fijo, subsidios a la salida (o reducir sus costos equivalentes) elevan más el valor agregado; subsidios a la entrada elevan más el empleo. No es un juicio moral; es un trade-off cuantitativo que conviene explicitar para decidir.

Traducción latinoamericana: cinco lecciones prácticas

  1. Justicia económica de alta frecuencia
    Nuestros sistemas de insolvencia y liquidación suelen ser lentos, formales y con alto grado de discrecionalidad. La prioridad no es endurecer la quiebra, sino acortar tiempos y reducir incertidumbre: plazos perentorios, ventanilla única, criterios estandarizados para venta de activos y desahucios, y tribunales o salas especializadas capaces de resolver en meses, no en años. La predictibilidad sube el valor de rescate y hace menos traumático salir.

  2. Dormancia no es neutral
    Permitir que empresas inactivas sigan “en stand-by” indefinidamente atasca crédito y espacio físico. Un régimen de dormancia con reloj (p. ej., máximo 12–18 meses) empuja a resolver: o reestructuras/entras un socio, o liquidas y liberas recursos. Complementar con alertas tempranas y apoyo a reemprendimientos reduce el costo social.

  3. Secuenciar con cabeza
    Antes de tocar los costos de despido (sensibles y con efectos ambiguos de corto plazo), limpiar el canal de salida: quiebras, cierre voluntario, procedimientos administrativos. Cuando esa tubería corre, el ajuste laboral duele menos y no desploma empleo. Esto también reduce el riesgo de “judicialización” masiva.

  4. Finanzas públicas y banca de desarrollo como amortiguador
    Bancos públicos o de fomento suelen cargar con activos improductivos durante años. Pasar de “aguantar” a resolver: mecanismos de mercado secundario de activos (e.g., subastas digitales) y reestructuración rápida con descuentos transparentes. El objetivo no es castigar, es reubicar los activos donde produzcan más.

  5. Medir bien la productividad y la reasignación
    No basta con mirar cuántas empresas cierran. Hay que monitorear tasa de entrada, tasa de salida, duración de dormancia, edad–productividad, y qué tan bien los recursos fluyen hacia empresas con mayores residuales de ingresos. Publicar estos indicadores anualmente ancla la conversación y permite ajustar políticas.

Objeciones frecuentes (y respuestas claras)

  • ¿No perderemos empleo si cerramos más fácil?
    A corto plazo, algunos cierres se harán visibles. Pero si la salida se vuelve predecible, entran más firmas (hoy disuadidas por la trampa de salida), y la reasignación eleva la demanda laboral neta. La evidencia para India sugiere que relajar barreras directas de salida aumenta empleo; tocar solo despidos puede reducirlo. Secuenciar es la clave. 

  • ¿No es mejor subsidiar la entrada y ya?
    Con recursos limitados, los subsidios de entrada inflan el conteo de firmas pero, si la salida sigue trabada, terminamos con más zombis. Ajustar la salida primero mejora el valor agregado; luego, si el objetivo es empleo, calibrar apoyos a entrada y formación laboral. 

  • ¿No estamos protegiendo al capital a costa del trabajador?
    Lo contrario: empleo estable requiere un tejido empresarial sano y crédito libre. Las barreras de salida crónicas terminan drenando presupuesto, frenando inversión y precarizando. Un cierre rápido y justo, con protección social y recolocación, es mejor que un largo velorio empresarial.

Qué haría mañana un gobierno reformista

  1. Reforma procesal de insolvencia con metas público–privadas: tiempo mediano de cierre < 12 meses; portales de subastas de activos; listas de peritos/administradores certificados.

  2. Programa “Dormancia con brújula”: diagnóstico en 30 días, plan binario (reestructurar vs liquidar) y acompañamiento al trabajador (seguro de desempleo + formación + bolsa de empleo sectorial).

  3. Observatorio de Dinámica Empresarial: publicar entrada/salida/dormancia por sector y región; abrir datos para investigación aplicada.

  4. Estrategia de secuenciación laboral: una vez que los flujos de salida sean más ágiles y predecibles, revisar reglas de despido por sectores y con cláusulas de transición (por ejemplo, topes, cuentas individuales, o acuerdos de productividad) para evitar shocks de empleo.

Conclusión

Un país pro-inversión no es el que impide que las empresas mueran, sino el que asegura que mueran bien: rápido, con reglas claras, protegiendo a las personas y reasignando recursos hacia quien pueda crear más valor. La evidencia de India —con sus diferencias regionales, su modelo dinámico y sus contrafactuales de política— no es una curiosidad académica; es un manual de bolsillo para cualquier economía emergente que quiera crecer en serio. La secuencia correcta (salida primero, laboral después), la reducción del ruido judicial y burocrático, y una gestión profesional de activos pueden convertir el “cementerio de firmas” en el vivero de la próxima década de productividad y empleo. 

Sandro Zolezzi

Chileno-Costarricense. Ingeniero Civil-Industrial con énfasis en optimización de recursos de la Universidad de Chile, con una Maestría en Administración de Negocios con énfasis en economía y finanzas del INCAE Business School de Costa Rica.

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