El Banco Central lo dijo sin querer: Costa Rica crece por la IED (y cuando la IED se mueve, el PIB la sigue)

IED

El reciente Informe de Política Monetaria (IPM) de enero 2026 del Banco Central de Costa Rica contiene una frase aparentemente técnica, pero profundamente reveladora: el crecimiento económico de 2026 sería moderado (3,8%) debido, entre otros factores, a la desaceleración de la demanda externa y a la salida de algunas empresas de inversión directa. Esa línea, leída con cuidado, dice mucho más de lo que parece.

Dice, en esencia, que el pulso del crecimiento económico de Costa Rica depende de un subconjunto pequeño de empresas —las de inversión extranjera directa (IED), concentradas en regímenes especiales— y no del universo completo de empresas privadas que operan en el país. El Banco Central no lo afirma de forma explícita, pero lo demuestra con números.

Dos economías en un mismo país

El IPM formaliza una realidad que muchos prefieren ignorar: la economía costarricense opera en dos velocidades. Por un lado, el régimen definitivo, que representa cerca del 84% del PIB, y por otro, los regímenes especiales, que concentran alrededor del 16% del PIB. En el bienio 2026–2027, el Banco Central proyecta que el régimen definitivo crecerá 3,4% en promedio, mientras que los regímenes especiales crecerán 6,6%, casi el doble, aun considerando una desaceleración respecto a 2025 

Este simple contraste cuantitativo deja una primera conclusión incómoda: el margen del crecimiento agregado —la aceleración o desaceleración— se juega en ese 16% de la economía. Aunque las empresas IED sean minoría en número, no lo son en impacto.

Cuando una empresa IED se va, no solo cae el PIB

El IPM va más allá y explica los mecanismos concretos. El Banco Central reconoce que la evolución del Ingreso Nacional Disponible Bruto real en 2026–2027 está influida por una menor salida neta de renta primaria al exterior, atribuida a la reducción de utilidades de empresas de inversión directa, luego del cierre de operaciones de manufactura específicas. 

Esta afirmación es clave. No se trata solo de producción o empleo: las decisiones de un grupo reducido de empresas IED afectan las utilidades remitidas, la renta primaria y, por ende, el ingreso nacional del país. Es una admisión explícita de concentración estructural del motor económico.

El canal externo: servicios de manufactura y balanza de pagos

El IPM también identifica el impacto directo de la salida o ajuste de empresas IED en el sector externo. El menor superávit de servicios proyectado responde en buena medida a la contracción de las exportaciones de servicios de manufactura (ensambles), asociada al cierre de líneas de producción en empresas específicas (Intel, Qorvo, entre otras).

Este punto es fundamental para entender por qué la IED hace la diferencia. No estamos hablando de cualquier exportación, sino de servicios estrechamente ligados a cadenas globales de valor, intensivos en capital, tecnología y organización productiva. Cuando una de estas empresas ajusta su operación, la cuenta externa del país lo siente de inmediato.

La inversión también gira alrededor del núcleo IED

La evidencia se refuerza al analizar la inversión. El Banco Central revisó a la baja la proyección de formación bruta de capital fijo, explicando que la corrección obedece principalmente a la desaceleración de la inversión en maquinaria y equipo en manufactura de regímenes especiales, en particular en componentes electrónicos y eléctricos 

Es decir, el ciclo de inversión nacional está anclado en el comportamiento de la IED. Cuando el núcleo IED invierte, la inversión país crece; cuando se contrae, el agregado se resiente.

Estabilidad macro: la IED como ancla externa

El IPM reconoce además que el déficit de cuenta corriente proyectado para 2026–2027 (1,3% del PIB en promedio) sería más que cubierto por ahorro externo de largo plazo, especialmente flujos de inversión directa 

Aquí el mensaje es inequívoco: la estabilidad macroeconómica externa de Costa Rica descansa estructuralmente en la IED. No es un complemento; es el ancla.

La tesis, probada por el propio Banco Central

Con todo lo anterior, la tesis se sostiene sin retórica: Costa Rica no crece por el promedio de sus empresas privadas; crece por un subconjunto pequeño, altamente productivo y profundamente integrado a la economía global. Cuando ese subconjunto se expande, el PIB acelera; cuando se contrae o se va, el crecimiento se modera.

Esto no implica que el resto de las empresas no aporten al crecimiento, sino que el margen de aceleración o desaceleración de la economía está dominado por ese núcleo IED. El Banco Central no lo plantea como crítica ni como advertencia de política industrial, pero los números hablan por sí solos. La economía costarricense es un caso de dualidad productiva extrema, donde la minoría explica el margen y la mayoría explica la inercia.

La pregunta incómoda de política pública

La conclusión no debería ser negar el éxito del modelo IED, sino entender su fragilidad. Si el crecimiento, la inversión, las exportaciones de servicios y la estabilidad externa dependen de un núcleo reducido, la política pública no puede seguir actuando como si el crecimiento fuera difuso y homogéneo.

La discusión real es otra:
¿cómo retener, profundizar y escalar ese núcleo IED?, ¿cómo convertir más empresas del régimen definitivo en proveedoras de servicios modernos, y cómo reducir la dependencia de pocos jugadores sin debilitar el motor que hoy sostiene el crecimiento?

El IPM enero 2026 confirma algo incómodo: en Costa Rica, el crecimiento no es difuso ni democrático. Está concentrado. Y mientras no lo reconozcamos explícitamente, seguiremos discutiendo políticas para una economía que no es la que realmente crece.

Sandro Zolezzi

Chileno-Costarricense. Ingeniero Civil-Industrial con énfasis en optimización de recursos de la Universidad de Chile, con una Maestría en Administración de Negocios con énfasis en economía y finanzas del INCAE Business School de Costa Rica.

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