Cuando la economía se entiende: el excedente que nadie ve
Hay conceptos económicos que parecen simples, pero explican casi todo. Dos de ellos —el excedente del consumidor y el excedente del productor— rara vez aparecen en el debate público, pese a que determinan si una política, un impuesto o una regulación mejora o empeora el bienestar real de las personas.
Dicho sin jerga: el excedente mide cuánta satisfacción adicional obtiene la sociedad cuando los mercados funcionan. No es ganancia contable, no es lucro en el sentido político del término. Es bienestar.
Empecemos por lo básico
Excedente del consumidor: es el beneficio que obtiene un comprador cuando paga menos de lo máximo que estaba dispuesto a pagar.
Gráficamente, es el área bajo la curva de demanda y sobre el precio.Excedente del productor: es el beneficio que obtiene un vendedor cuando vende a un precio mayor que su costo mínimo de producción.
Gráficamente, es el área sobre la curva de oferta y bajo el precio.
La suma de ambos es el bienestar económico total del mercado. Ese es el “pastel” que la economía busca agrandar antes de discutir cómo repartirlo.
¿Por qué esto importa más de lo que parece?
Porque muchas discusiones públicas se concentran solo en quién gana y quién pierde, sin mirar si el tamaño del pastel crece o se achica. Un mercado puede “castigar” a un grupo y aun así aumentar el bienestar total. Y también puede “proteger” a un grupo y reducirlo.
La economía no juzga intenciones; mide consecuencias.
Un ejemplo cotidiano
Imaginen que están dispuestos a pagar hasta ₡10.000 por un libro. Lo encuentran en ₡7.000. El excedente como consumidor es ₡3.000. No salió de su bolsillo, pero es real: es valor para Uds.
Ahora miren al vendedor. Producir y llevar ese libro a la estantería le cuesta ₡5.000. Al venderlo en ₡7.000 obtiene un excedente de ₡2.000. Tampoco es abuso: es la señal que justifica producir y ofrecer el bien. Ambos ganan. Eso es un mercado funcionando.
El gráfico que ordena todo
En economía, cuando algo se entiende mejor con un dibujo, conviene dibujarlo.
Qué muestra el gráfico:
La curva de demanda (pendiente negativa): cuánto están dispuestos a pagar los consumidores.
La curva de oferta (pendiente positiva): a partir de qué precio conviene producir.
El precio de equilibrio: donde oferta y demanda se cruzan.
El área sombreada arriba del precio y bajo la demanda: excedente del consumidor.
El área sombreada bajo el precio y sobre la oferta: excedente del productor.
¿Cómo se calcula el excedente en general?
En términos generales, el excedente es un área:
Excedente del consumidor = ∫ (disposición a pagar − precio) dQ
Excedente del productor = ∫ (precio − costo) dQ
No hace falta cálculo integral para entender la idea: es la diferencia acumulada entre lo que el mercado permite y lo que cada parte necesitaba para participar.
El caso simple: curvas rectas
Cuando las curvas de oferta y demanda son líneas rectas, el cálculo se vuelve transparente.
Supongamos:
Demanda intercepta el eje precio en 20.
Oferta parte del origen.
Precio de equilibrio = 10.
Cantidad de equilibrio = 5.
Entonces:
No es magia. Es geometría económica.
¿Dónde entra la política pública?
Aquí viene lo disruptivo.
Cuando el Estado fija precios, impone impuestos mal diseñados o restringe cantidades sin justificación, no solo redistribuye: muchas veces destruye excedente. Eso se llama pérdida irrecuperable de bienestar.
No es ideología. Es aritmética.
Por eso:
Un impuesto puede recaudar, pero si reduce demasiado la cantidad transada, achica el pastel.
Un control de precios puede ayudar a corto plazo, pero si saca productores del mercado, reduce el excedente total.
Una buena regulación no elimina el excedente: lo protege y lo hace sostenible.
El error común en el debate público
Se discute quién captura el excedente, pero no si el excedente existe.
Se habla de ganancias excesivas sin preguntar si esas ganancias financian inversión, innovación o entrada de nuevos competidores.
Cuando el excedente desaparece, no hay redistribución posible. Solo hay escasez.
El mensaje final
El excedente del consumidor y del productor no son conceptos de manual:
son la forma más honesta de medir si una economía está creando valor real.
Antes de intervenir un mercado, la pregunta correcta no es:
¿a quién perjudico?
Sino: ¿cuánto bienestar destruyo o creo?
Entender esto no hace a nadie menos sensible. Lo hace más responsable.