Costa Rica no compite por educación: compite por velocidad de aprendizaje
Costa Rica suele repetir con orgullo que compite por educación. Que nuestra ventaja comparativa no es el salario bajo, sino el talento. Que nuestra historia en zonas francas y servicios empresariales demuestra que el capital humano es nuestro petróleo.
Pero el mundo cambió.
Hoy no gana el país que tiene más años promedio de escolaridad. Gana el país que aprende más rápido.
El OECD Skills Outlook 2025 lo plantea con claridad incómoda: las habilidades del siglo XXI no dependen solamente del esfuerzo individual, sino del origen socioeconómico, del género, del lugar donde se creció y del acceso desigual a oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida. Cuando el talento se desperdicia o se asigna mal, la productividad sufre y la cohesión social se erosiona.
La desigualdad de habilidades es la nueva desigualdad económica.
Y aquí está la advertencia estratégica: en un mundo donde la inteligencia artificial modifica tareas incluso en ocupaciones altamente calificadas, la ventaja no está en el título universitario acumulado, sino en la capacidad de reentrenarse, adaptarse y complementar la tecnología.
Costa Rica no compite por educación. Compite por velocidad de aprendizaje.
La nueva competencia
Durante décadas, el relato fue simple: invertir en educación, atraer inversión extranjera directa y exportar conocimiento. Ese modelo funcionó. Pero ahora la disrupción tecnológica afecta tareas cognitivas, acelera el cambio en los perfiles de habilidades requeridas y reduce el ciclo de vida de los conocimientos.
Entre 2021 y 2024, los requerimientos de habilidades en el empleo promedio cambiaron en alrededor de un tercio, al mismo ritmo que en el quinquenio anterior completo. Es decir: el cambio se está acelerando.
Si las competencias se transforman en períodos cada vez más cortos, el verdadero diferencial competitivo es la rapidez con la que un país puede:
Detectar nuevas demandas de habilidades.
Reentrenar trabajadores.
Reconocer competencias adquiridas.
Asignar talento donde genera mayor valor.
La inversión extranjera moderna no busca solo personas educadas. Busca ecosistemas que aprendan rápido.
Y aquí enfrentamos un riesgo estructural: mientras el segmento más calificado del país se capacita continuamente, el resto queda rezagado. Incluso en países avanzados, la participación en formación no formal alcanza 61% entre quienes tienen educación terciaria, pero apenas 19% entre quienes no completaron secundaria alta. Si el aprendizaje permanente se concentra en quienes ya tienen más educación, la dualidad productiva se profundiza.
Tendremos un enclave sofisticado y una economía doméstica estancada.
Eso no es sostenible ni social ni políticamente.
El giro estratégico
Si aceptamos la tesis —que la competencia es por velocidad de aprendizaje— entonces la política pública debe reorganizarse en consecuencia.
El reporte de la OECD propone tres ideas que Costa Rica debe traducir en acción concreta:
Contratación basada en habilidades, no solo en títulos.
Credenciales transferibles y reconocimiento de aprendizajes previos.
Gobernanza ágil y basada en datos.
La pregunta es si estamos dispuestos a rediseñar nuestro sistema alrededor de esas premisas.
Propongo una mini-agenda de diez medidas.
Tres acciones inmediatas
1. Sistema nacional de reconocimiento de aprendizajes previos
Miles de trabajadores han adquirido competencias en la práctica, pero el mercado no las reconoce formalmente. Se requiere un sistema ágil que evalúe y certifique habilidades independientemente del lugar donde fueron adquiridas. Esto amplía la base de talento para sectores dinámicos sin esperar años de reforma educativa.
2. Microcredenciales verificables y transferibles
Las competencias deben poder certificarse en módulos específicos, acumulables y reconocidos por empresas en distintos sectores. No se trata de fragmentar la educación, sino de hacerla más flexible y alineada con cambios tecnológicos rápidos.
3. Servicio público de orientación laboral moderna
La orientación vocacional no puede limitarse a adolescentes. Debe acompañar a trabajadores en transición, identificar brechas de habilidades y dirigirlos hacia oportunidades reales en sectores estratégicos como servicios empresariales, tecnologías digitales, ciencias de la vida y servicios ambientales.
Cuatro reformas estructurales
4. Marco nacional de habilidades como infraestructura productiva
Así como existe infraestructura física, debe existir infraestructura de habilidades: un sistema coherente que conecte educación técnica, universitaria, formación continua y necesidades empresariales. No programas aislados, sino arquitectura institucional.
5. Integración real entre política educativa y política de inversión
La atracción de inversión extranjera directa debe coordinarse con planificación de habilidades. Cada sector priorizado requiere una hoja de ruta de competencias, actualizada periódicamente, con metas medibles.
6. Reforma del financiamiento de formación continua
El acceso a capacitación no puede depender exclusivamente de la empresa empleadora. Deben existir mecanismos que permitan a trabajadores, especialmente de sectores rezagados, acceder a reentrenamiento pertinente sin barreras financieras insalvables.
7. Reducción de segregación de género en áreas estratégicas
Las mujeres completan más educación terciaria, pero siguen subrepresentadas en áreas intensivas en matemáticas y tecnología. Si no corregimos esa asignación desigual, desperdiciamos talento precisamente en los sectores donde la economía más lo necesita.
Tres medidas de gobernanza y medición
8. Observatorio permanente de brechas de habilidades
La política pública no puede operar con estadísticas atrasadas. Se requiere monitoreo continuo de demandas ocupacionales, salarios, movilidad intergeneracional y retorno a habilidades específicas.
9. Indicadores de velocidad de reentrenamiento
No basta medir años de escolaridad. Debemos medir cuánto tarda un trabajador en adquirir nuevas competencias relevantes. Esa métrica es hoy más estratégica que la tasa de graduación.
El país que no mide su velocidad de aprendizaje está gestionando el siglo XXI con instrumentos del siglo XX.
10. Liderazgo del Estado en contratación basada en habilidades
El sector público puede enviar una señal poderosa si adopta procesos de reclutamiento centrados en competencias verificables y no exclusivamente en credenciales formales. Eso puede transformar el mercado laboral completo.
El dilema costarricense
Si no actuamos, enfrentamos cuatro riesgos claros.
Primero, ampliación de la dualidad productiva: una minoría altamente dinámica y una mayoría atrapada en baja productividad.
Segundo, subempleo de graduados en la era de la automatización cognitiva.
Tercero, pérdida de ventaja competitiva frente a países que construyan sistemas más ágiles de aprendizaje permanente.
Cuarto, erosión de cohesión social en un contexto de expectativas crecientes.
La inversión extranjera directa del siglo XXI no se mueve por simpatía histórica. Se mueve por capacidad demostrada.
Sin velocidad de aprendizaje, la inversión se vuelve enclave. Con velocidad de aprendizaje, se convierte en escalera.
Costa Rica tiene una base sólida. Tiene experiencia en servicios modernos. Tiene instituciones. Tiene talento. Lo que necesita ahora es un cambio de mentalidad: dejar de pensar que la educación es un stock acumulado y empezar a verla como un flujo continuo.
En el pasado competíamos por atraer fábricas. Luego competimos por atraer centros de servicios. Ahora competimos por convertirnos en un ecosistema de aprendizaje acelerado.
Y en esa frontera, el país que aprende más rápido, gana.