Costa Rica ya no puede negar lo evidente: la IED sí hace la diferencia
Durante años el debate fue ideológico.
¿La inversión extranjera directa (IED) transforma realmente la economía o es solo un enclave exportador desconectado del resto del país?
La respuesta ya no es opinión. Es estadística oficial.
La reciente actualización del año base 2022 de las Cuentas Nacionales del Banco Central de Costa Rica confirma, con números duros, algo que muchos intuíamos desde la práctica: la IED no es marginal. Es estructural.
Y eso cambia el debate.
La IED no es solo empleo: es capital
En 2022, las sociedades no financieras privadas con participación extranjera concentraron el 41,6% de la formación bruta de capital del país.
Repitamos eso. Casi la mitad de la inversión productiva privada proviene de empresas con participación extranjera.
No estamos hablando de maquila liviana.
Estamos hablando de acumulación de capital.
Maquinaria.
Equipo.
Activos productivos.
Eso significa que buena parte del stock productivo moderno del país tiene huella internacional.
La IED no es solo flujo. Es acumulación.
La bomba silenciosa: propiedad intelectual
Pero el dato verdaderamente disruptivo está en los activos intangibles.
En productos de propiedad intelectual, que incluyen investigación y desarrollo, software, bases de datos, activos tecnológicos, el 62,1% corresponde a participación extranjera.
Esto es monumental. Significa que el corazón del capital intangible costarricense está vinculado a multinacionales.
El país no solo exporta bienes. Exporta conocimiento incorporado. Y ese conocimiento está, en gran medida, anclado a empresas IED.
Esto confirma lo que muchos observamos desde hace años: la sofisticación exportadora no surge espontáneamente. Se construye a través de redes globales.
Exportaciones: la evidencia visible
En 2022, el 44,4% de las exportaciones correspondieron a empresas con participación extranjera.
En sectores de alta tecnología, esa proporción es aún mayor.
Dispositivos médicos.
Electrónica.
Servicios empresariales modernos.
Software.
Centros de servicios compartidos.
La narrativa de que la IED es marginal en la estructura productiva simplemente no resiste estos datos.
La dualidad productiva es real
Estos números también confirman otra verdad incómoda: Costa Rica es una economía dual.
Por un lado:
– Empresas integradas a cadenas globales.
– Alta productividad.
– Activos intangibles.
– Capital intensivo.
– Inserción tecnológica.
Por otro:
– Sectores domésticos de baja productividad.
– Menor acumulación de capital.
– Menor sofisticación.
La IED no crea la dualidad. La revela.
Y la política pública debe decidir qué hacer con ella.
No es ideología. Es contabilidad nacional.
Durante años, la discusión sobre IED estuvo atrapada en narrativas políticas.
Pero las Cuentas Nacionales no tienen ideología.
Tienen clasificación institucional.
Tienen sectorización.
Tienen porcentajes verificables.
Y lo que dicen es claro:
– La inversión extranjera participa de forma decisiva en la acumulación de capital.
– Domina la propiedad intelectual.
– Tiene peso sustancial en exportaciones.
– Contribuye significativamente al valor agregado.
Eso no es propaganda. Es contabilidad nacional.
¿Es esto bueno o peligroso?
Ambas cosas.
Es bueno porque:
– Eleva la productividad promedio.
– Aumenta sofisticación exportadora.
– Introduce tecnología.
– Atrae capital humano calificado.
– Inserta al país en redes globales.
Es riesgoso porque:
– Puede concentrar el conocimiento fuera del control doméstico.
– Genera dependencia de decisiones corporativas globales.
– Amplifica la brecha productiva interna.
Pero negar la evidencia no es estrategia. Gestionarla sí lo es.
El verdadero debate
El debate ya no debería ser:
“¿La IED hace diferencia?”
El debate correcto es:
“¿Cómo amplificamos sus efectos de encadenamiento y transferencia tecnológica?”
Porque si el 62% de la propiedad intelectual está vinculada a empresas extranjeras, la pregunta clave es:
¿Estamos generando spillovers suficientes hacia empresas locales?
¿Estamos integrando PYMES en cadenas de valor?
¿Estamos formando talento acorde con la estructura real del capital?
¿Estamos usando la IED como plataforma de aprendizaje colectivo nacional?
Ahí está la conversación madura.
Conectar IED con la nueva economía de la IA
Y aquí entra algo aún más estratégico.
Si la propiedad intelectual y el capital intangible ya están altamente vinculados a multinacionales, Costa Rica tiene una base instalada ideal para integrarse a la economía de la inteligencia artificial.
No partimos de cero.
Tenemos:
– Capital humano especializado.
– Redes internacionales.
– Empresas globales operando localmente.
– Activos intangibles relevantes.
La pregunta no es si podemos participar.
Es si sabremos escalar.
El error sería retroceder
En un mundo donde la geopolítica y las cadenas de suministro se reconfiguran, reducir el atractivo para la IED sería un error estratégico.
Pero también lo sería no profundizar la integración doméstica.
La IED no sustituye política industrial.
La complementa.
No reemplaza desarrollo local.
Lo puede catalizar.
Pero solo si existe diseño institucional inteligente.
Conclusión: ya no es opinión
Durante años, quienes trabajamos en promoción de inversión defendimos, a veces en soledad técnica, que la IED transformaba la estructura productiva del país.
Hoy los datos oficiales lo confirman.
La participación extranjera concentra:
– 41,6% de la formación de capital privada.
– 62,1% de la propiedad intelectual.
– 44,4% de las exportaciones.
Eso no es anecdótico. Es estructural.
Costa Rica no es una economía que “tiene IED”. Es una economía cuya arquitectura productiva está profundamente entrelazada con ella.
El desafío ahora no es ideológico. Es estratégico.
Cómo convertir esa base en más encadenamientos.
Más aprendizaje.
Más innovación local.
Más productividad sistémica.
La IED sí hace la diferencia. La pregunta correcta es: ¿Estamos listos para aprovecharla plenamente?