Costa Rica - cuando la IED deja de seguir al comercio y empieza a crearlo

Durante los primeros veinticinco años del siglo XXI, Costa Rica ha sido testigo de una transformación silenciosa pero profunda de su inserción internacional. No se trata únicamente de cuánto exporta, sino qué exporta, cómo lo exporta y qué tipo de inversión sostiene ese proceso. La evidencia acumulada en las exportaciones de servicios y en los flujos de inversión extranjera directa (IED) permite afirmar algo que hasta hace poco se intuía, pero no se demostraba con datos: la IED dejó de ser un acompañante pasivo del comercio de servicios y pasó a convertirse en uno de sus principales motores estructurales.

 El gráfico que acompaña este artículo resume esa historia. Muestra la evolución anual de las exportaciones de servicios modernos (Modo 1) —otros servicios empresariales y telecomunicaciones, informática e información— frente a los servicios presenciales (Modo 2) —viajes y servicios de transformación o ensamble— entre 1999 y 2025. La lectura es inequívoca: mientras los servicios presenciales crecieron de forma cíclica y altamente volátil, los servicios modernos siguieron una trayectoria mucho más estable, persistente y acelerada, especialmente a partir de la década de 2010 y con mayor fuerza después de la pandemia.


De la volatilidad física a la escalabilidad digital

Durante los primeros años del período analizado, Costa Rica seguía anclada a un patrón de exportación de servicios intensivo en presencia física. El turismo y el ensamble explicaban buena parte de los ingresos externos, con una dependencia marcada de los ciclos globales. Esto se observa claramente en la crisis financiera internacional de 2009 y, de forma dramática, en el colapso de 2020, cuando los servicios presenciales se contrajeron abruptamente.

En contraste, los servicios modernos no solo resistieron mejor los shocks externos, sino que salieron fortalecidos. En 2024, por ejemplo, Costa Rica exportó más de $9.400 millones en servicios modernos, frente a poco más de $6.100 millones en servicios presenciales. En 2025, esta brecha se amplió aún más. No es casualidad: los servicios basados en conocimiento, procesos digitales y funciones corporativas globales no requieren movilidad física, escalan con talento y conectividad, y se integran directamente a las cadenas globales de valor.


La IED como variable explicativa —no decorativa

La pregunta clave es qué explica esta divergencia. La respuesta no está únicamente del lado de la oferta exportadora, sino en la estructura de la inversión extranjera directa que el país ha sabido atraer.

El análisis estadístico confirma esta intuición. La correlación entre la IED y las exportaciones de servicios modernos es positiva y estadísticamente significativa a lo largo del tiempo, pero se fortalece de manera notable después de 2020.

Tabla 1. Correlación entre IED y exportaciones de servicios (coeficiente de Pearson)

Antes de la pandemia, la IED mostraba una relación más fuerte con los servicios presenciales, coherente con un modelo de inversión orientado a actividades físicas y localizadas. Después de 2020, la relación con los servicios modernos se vuelve casi perfecta, reflejando un cambio estructural: la IED empieza a organizar el comercio de servicios digitales, no solo a acompañarlo.


Cuando la inversión antecede al comercio

El resultado más potente emerge al introducir un rezago simple. Al correlacionar la IED del año t-1 con las exportaciones de servicios modernos del año t, la evidencia es contundente.


Tabla 2. Correlación con rezago simple

Este resultado no es trivial. Indica que la IED precede, habilita y anticipa el crecimiento de las exportaciones de servicios modernos. En otras palabras, las decisiones de inversión de las multinacionales crean primero la capacidad productiva y exportadora, y solo después se reflejan en mayores flujos comerciales. Costa Rica no exporta más servicios modernos porque el mundo los demande de forma abstracta; los exporta porque las empresas que invierten en el país estructuran desde aquí sus operaciones regionales y globales.


Implicaciones estratégicas y de política pública

La evidencia presentada en este artículo confirma que la Inversión Extranjera Directa ha sido una condición habilitante para la expansión de las exportaciones de servicios modernos en Costa Rica. Sin embargo, reducir esta relación a un vínculo mecánico entre flujos de capital y flujos de comercio sería una lectura incompleta.

El verdadero activo estratégico que emerge de los datos no es la IED en sí misma, sino el capital humano bilingüe, entrenado y permanentemente ocupado dentro de empresas multinacionales ya operando en el país. Es este stock de talento —acumulado, observable y validado en tiempo real— el que genera el efecto de señalamiento más poderoso para nuevas inversiones y nuevas exportaciones de servicios.

Las empresas no llegan a Costa Rica únicamente porque el país exporta servicios modernos; llegan porque observan que otras empresas como ellas ya han formado, retenido y escalado equipos capaces de operar funciones corporativas globales desde el territorio nacional. El comercio de servicios modernos no solo sigue a la inversión: sigue al talento que la inversión dejó atrás.

Desde esta perspectiva, la política pública enfrenta un desafío distinto al tradicional. No se trata únicamente de atraer más IED, sino de maximizar el efecto demostración del capital humano existente, asegurando su continuidad, sofisticación y movilidad funcional dentro del ecosistema productivo.

Esto implica, al menos, cuatro prioridades estratégicas:

  1. Profundizar la formación y certificación de talento bilingüe especializado, no como política educativa genérica, sino como política comercial activa.

  2. Facilitar la escalabilidad de funciones corporativas, permitiendo que las empresas ya instaladas evolucionen hacia actividades de mayor complejidad y valor agregado.

  3. Reducir fricciones regulatorias que afecten la movilidad del talento, tanto entre empresas como entre funciones, evitando la segmentación del mercado laboral.

  4. Diseñar estrategias de aftercare centradas en personas, donde la retención y expansión del talento sea tan prioritaria como la retención de la inversión.

En este marco, la IED deja de ser el fin último y se convierte en un medio para construir una ventaja comparativa más profunda y menos visible: un mercado laboral creíble, denso y permanentemente entrenado para exportar servicios basados en conocimiento.

Cierre

La historia reciente de las exportaciones de servicios modernos en Costa Rica demuestra que el país logró algo poco común: transformar la presencia de empresas extranjeras en una plataforma sostenible de generación de capacidades internas. La IED abrió la puerta, pero fue el capital humano el que aprendió a quedarse, escalar y exportar.

El reto hacia adelante no es demostrar que Costa Rica puede seguir exportando servicios modernos —eso ya está probado—, sino evitar que el éxito se vuelva estático. La verdadera ventaja no está en cuántas empresas llegan, sino en cuántas capacidades quedan.

 Si el país logra seguir convirtiendo inversión en talento, talento en señalamiento y señalamiento en nuevas exportaciones, el modelo no solo será exitoso, sino resiliente. La pregunta estratégica ya no es si Costa Rica puede competir en servicios modernos, sino si sabrá proteger y renovar el activo más escaso que sostiene todo el sistema: su capital humano entrenado, creíble y permanentemente demandado por el mundo.

Sandro Zolezzi

Chileno-Costarricense. Ingeniero Civil-Industrial con énfasis en optimización de recursos de la Universidad de Chile, con una Maestría en Administración de Negocios con énfasis en economía y finanzas del INCAE Business School de Costa Rica.

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