Capital humano sin productividad es capital dormido
Una lectura desde la experiencia histórica de Costa Rica
Durante décadas, en Costa Rica, el debate sobre productividad ha descansado sobre una comodidad peligrosa: la creencia de que más capital humano conduce automáticamente a más productividad laboral. Más años de escolaridad, más títulos, más inversión pública en educación y el crecimiento vendrá por añadidura. El problema es que los datos de la propia historia económica costarricense, cuando se observan sin prejuicios, cuentan una historia muy distinta. Una historia incómoda, pero necesaria.
La relación entre capital humano (HC) y productividad laboral real no es lineal, ni automática, ni garantizada, incluso en un país que ha invertido temprana y sostenidamente en educación como Costa Rica. Y la evidencia histórica entre 1950 y 2023 lo demuestra con una claridad que ya no admite excusas.
Una nube que no es ruido, sino narrativa económica
Cuando se observa la relación entre capital humano y PIB real por empleado en Costa Rica entre 1950 y 2023, lo que aparece no es una simple correlación, sino una nube de puntos con estructura. Esa nube encierra una narrativa económica completa, con tres regímenes claramente diferenciados.
Fuente: elaboración propia con datos de Penn World Table (PWT 11.0) para Costa Rica, 2026
La visualización permite identificar tres etapas que desafían directamente el relato convencional sobre educación y crecimiento en el país.
Primer tramo: Costa Rica en los años 1950–60
Pequeños aumentos de HC, grandes retornos en productividad
En el período de posguerra, Costa Rica experimenta aumentos relativamente modestos en capital humano que se traducen en mejoras claras y sostenidas en productividad laboral. El vínculo parece casi mecánico, pero no por las razones habituales asociadas a la industrialización pesada.
En estos años, el retorno al capital humano proviene de la construcción del Estado desarrollista costarricense: expansión de la educación básica, fortalecimiento del sistema de salud, creación de capacidades administrativas y mejora de la organización productiva en una economía todavía predominantemente agroexportadora.
Aquí, el capital humano encuentra dónde operar porque el país pasa de niveles bajos a intermedios de alfabetización y organización económica. No se trata aún de sofisticación productiva, sino de activación de capital humano básico, con retornos elevados precisamente porque la base inicial era limitada.
En este contexto, incluso pequeños avances educativos generan grandes efectos en productividad. Hasta aquí, la teoría estándar parece funcionar sin fricciones en el caso costarricense.
Qué entendemos por capital humano en este análisis
Para interpretar correctamente esta evolución, es clave precisar qué se entiende por capital humano. En este análisis, HC no es una noción vaga ni discursiva. Corresponde al índice de capital humano de Penn World Table, construido a partir del promedio de años de escolaridad de la población adulta, ajustado por retornos a la educación estimados mediante ecuaciones tipo Mincer.
Este índice captura capacidad productiva potencial, no uso efectivo. Mide lo que la fuerza laboral costarricense podría producir si su conocimiento fuese plenamente activado, no necesariamente lo que produce en un entorno económico específico. Esta distinción será clave para entender lo que ocurre a continuación.
La gran meseta: Costa Rica entre los años 1970–90
El capital humano sube, la productividad se estanca
A partir de los años setenta ocurre algo fundamental en Costa Rica. El capital humano continúa creciendo de manera sostenida: más educación, más años promedio de escolaridad, mayor inversión pública. Sin embargo, la productividad laboral real entra en una meseta prolongada que se extiende por más de dos décadas.
La nube se aplana. El eje vertical deja de responder al eje horizontal.
Este fenómeno no refleja un fracaso de las personas ni de la educación en sí. Refleja un fallo estructural de absorción propio de una economía protegida, con baja presión competitiva, limitada sofisticación productiva y escasa demanda por habilidades cognitivas complejas, agravado por la crisis económica de los años ochenta.
En ese contexto, el capital humano se vuelve capital dormido. Está presente, pero no opera. No transforma procesos ni eleva el valor agregado por trabajador.
Aquí se derrumba uno de los mitos más persistentes de la política pública costarricense: educar más no garantiza producir mejor.
El quiebre post-2000
Mismo ritmo de HC, salto fuerte en productividad
Desde comienzos de los años 2000, la pendiente de la nube cambia de forma abrupta en Costa Rica. El capital humano sigue creciendo a un ritmo similar al de las décadas anteriores, sin saltos educativos radicales. Sin embargo, la productividad laboral real se acelera con fuerza.
¿Qué cambió entonces?
No fue el capital humano en sí. Fue el entorno en el que opera.
En Costa Rica, este quiebre coincide con la inserción en actividades intensivas en conocimiento: servicios modernos, empresas exportadoras sofisticadas, inversión extranjera con procesos complejos, métricas exigentes y estándares globales. El capital humano existente empieza, finalmente, a ser activado cognitivamente.
La tesis central
El capital humano solo genera productividad real cuando opera en entornos que lo activan cognitivamente.
No basta con que las personas sepan más. Deben poder usar lo que saben en contextos productivos que exijan resolución de problemas, aprendizaje continuo, eficiencia medible y difusión del conocimiento.
Cuando esas condiciones no existen, el capital humano se acumula, pero espera.
Por qué esto importa para Costa Rica hoy
Esta lectura es especialmente relevante para Costa Rica, una economía pequeña y abierta que históricamente ha apostado por la educación como pilar del desarrollo. La evidencia muestra que esa apuesta es necesaria, pero no suficiente.
Sin un cambio estructural en la demanda de capacidades, el capital humano termina subutilizado, frustrado o migrando. Aquí es donde los servicios modernos y la IED de calidad importan, no como fetiches, sino como mecanismos de activación del conocimiento:
No toda IED genera productividad.
No todo crecimiento del PIB per cápita es productividad laboral real.
No todo empleo utiliza eficientemente el capital humano.
Fuente: elaboración propia con datos de Penn World Table (PWT 11.0) para Costa Rica, 2026
La figura muestra que, mientras el crecimiento del PIB per cápita y de la productividad laboral real mantiene alta variabilidad y dinamismo, el crecimiento del capital humano es lento y se aplana desde los años noventa, lo que indica una pérdida de poder explicativo del capital humano en el crecimiento reciente.
Implicación de política pública
La política pública en Costa Rica no debería preguntarse únicamente:
¿cómo aumentamos el capital humano?
Sino algo mucho más incómodo:
¿dónde, cómo y para qué va a operar ese capital humano?
Eso implica priorizar sectores e inversiones que demuestren mecanismos claros de activación: transferencia de procesos, aprendizaje organizacional, encadenamientos cognitivos y métricas de productividad por trabajador.
Dejar de confundir crecimiento contable con progreso estructural ya no es opcional.
Cierre
La nube de puntos no miente. Durante décadas nos dijo algo que preferimos no escuchar: en Costa Rica, el capital humano no es una varita mágica. Es una potencia latente que solo se activa bajo ciertas condiciones productivas.
Cuando esas condiciones existen, la productividad responde. Cuando no, el capital humano se acumula y duerme.
La pregunta ya no es si debemos invertir en capital humano. La pregunta real es si estamos construyendo una economía digna de ese capital humano. Y esa diferencia, como muestra la historia costarricense, lo cambia todo.