Asimetría de información: cuando el mercado premia la mentira y castiga la calidad

Hay una frase que suena moral, pero en economía es una ley: cuando no se puede distinguir calidad, el precio deja de ser un premio a la calidad. Y cuando eso pasa, los mercados no se ajustan con magia: se degradan. Ese es el corazón de The Market for “Lemons” de George Akerlof

Autos usados: cómo se destruye un mercado

Akerlof parte con un mercado de autos usados donde el vendedor conoce la calidad del carro mejor que el comprador. El comprador, sin poder distinguir, ofrece un solo precio para “un auto promedio”. El resultado es brutal: ese precio promedio expulsa a los vendedores de autos buenos, porque no cubre su valor real. Quedan los “limones”. Y el promedio baja aún más. Es la selección adversa en cámara lenta. 

Un ejemplo numérico didáctico:

  • Hay dos tipos de autos usados: buenos y limones.

  • Para el vendedor, un bueno vale $10.000 (no lo vende por menos). Un limón vale $5.000.

  • Para el comprador, un bueno vale $11.000 y un limón $6.000.

  • Supongamos que el comprador cree que 50% son buenos y 50% limones.

Entonces el valor esperado para el comprador es:

  • 0,5×11.000 + 0,5×6.000 = $8.500.

Pero a $8.500, el dueño del auto bueno (que exige al menos $10.000) se retira. En el mercado quedan más limones. El comprador actualiza su creencia: “ahora quizás solo 20% son buenos”. Valor esperado:

  • 0,2×11.000 + 0,8×6.000 = $7.000.

Con $7.000, se van aún más buenos. Y así sucesivamente. La lógica converge a un equilibrio feo: se transan pocos autos y de peor calidad… o directamente no hay mercado.

Eso último Akerlof lo muestra incluso con un ejemplo formal donde, por la forma en que cae la calidad promedio ofrecida cuando cae el precio, no existe ningún precio que sostenga transacciones pese a que debería haber compradores y vendedores compatibles. 

Traducción disruptiva: no es que la gente sea mala. Es que el mercado, cuando no puede verificar calidad, hace rentable parecer bueno en vez de serlo. Si en el mercado de autos el problema es no ver la calidad del bien, en el mercado laboral el problema es no ver la calidad del trabajador.

Mercado laboral: por qué no se puede confiar solo en el CV

Spence toma el mismo problema, pero del lado del trabajo: el candidato sabe más sobre su productividad que el empleador. El empleador no ve capacidad real; ve señales: títulos, años de educación, certificados, historial. La pregunta clave es: ¿cuándo una señal separa a los buenos de los malos? Respuesta: cuando es más barata para los realmente productivos

El ejemplo numérico central de Spence es elegantísimo:

  • Hay dos grupos de trabajadores:

    • Grupo I: productividad alta (por ejemplo 2)

    • Grupo II: productividad baja (por ejemplo 1)

  • La fracción de alta productividad es q₁ y de baja productividad 1−q₁.

  • La educación no aumenta la productividad en el ejemplo; es una inversión para señalizar.

  • La educación cuesta distinto según el tipo:

    • para el tipo alto, el costo es y/2

    • para el tipo bajo, el costo es y
      (misma educación “y”, pero al menos productivo le “duele” el doble). 

¿Qué pasa? Que existe un umbral y* tal que:

  • el tipo alto elige educarse al menos y* para ser identificado como “alto” y recibir un salario alto;

  • el tipo bajo no lo imita, porque el costo le come la ganancia.

El empleador entonces crea una regla simple (un “wage schedule”):
si educación ≥ y* ⇒ paga como productividad 2; si no ⇒ paga como productividad 1. 

Disrupción clave: el CV, el título y el “año adicional” pueden ser informativos, sí… pero también pueden ser una carrera armamentista de credenciales. Socialmente, parte de ese gasto es puro costo de separación (señal), no creación de valor.

Cómo se mitiga

En autos usados, Akerlof es claro: surgen instituciones para “pelear” contra la incertidumbre de calidad: garantías, marcas, cadenas, licencias/certificaciones. Son mecanismos que trasladan riesgo al vendedor y crean castigo reputacional si miente. 

En empleo, el análogo no es pedir más títulos por reflejo, sino mejorar la verificación del desempeño real:

  • work samples (tareas reales cortas),

  • pruebas técnicas/analíticas,

  • referencias auditables,

  • periodo de prueba,

  • y un diseño de entrevistas que reduzca el “teatro del CV”.

Traducción a mi agenda de IED: esto es idéntico al inversionista extranjero evaluando un destino: si la información es opaca, el “precio” que paga (riesgo país, prima de riesgo, tasa de descuento) sube… y el país termina atrayendo menos inversión buena y más inversión oportunista. El limón no es solo el auto: también puede ser el proyecto.

Cierre: lo Nobel no era el álgebra, era el espejo

Akerlof y Spence ganaron el Nobel en 2001 sin “piruetas matemáticas” porque demostraron algo incómodo: los mercados no son máquinas de verdad. Son máquinas de incentivos. Si la estructura premia ocultar calidad o inflar señales, el resultado es predecible: menos calidad, más ruido, menos confianza. El problema no es que la gente mienta; es que si no se diseñan mecanismos de verificación, el mercado se organiza para que mentir sea rentable y ser bueno sea un mal negocio.

Sandro Zolezzi

Chileno-Costarricense. Ingeniero Civil-Industrial con énfasis en optimización de recursos de la Universidad de Chile, con una Maestría en Administración de Negocios con énfasis en economía y finanzas del INCAE Business School de Costa Rica.

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