Seguimos sacando agua del mismo pozo mientras el mundo perfora en otro lado
Mientras en Costa Rica celebramos cada anuncio de inversión extranjera directa (IED) proveniente de Estados Unidos como si fuera una confirmación eterna de nuestro modelo, el mapa global del capital está cambiando silenciosamente. Y no lo estamos mirando con suficiente atención.
Un reciente ranking de fDi Intelligence sobre los “Top 50 Emerging Global Investors” revela una transformación estructural: las multinacionales del mundo en desarrollo ya no son receptoras pasivas de capital. Son ahora fuentes activas y crecientes de IED global.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿Dónde está Costa Rica en ese nuevo flujo?
El capital ya no es solo del Norte
Durante décadas, la narrativa fue clara: el capital provenía de Estados Unidos, Europa o Japón, y se dirigía hacia economías emergentes en busca de eficiencia, talento o acceso a mercados.
Ese modelo sigue existiendo. Pero ya no es el único. Hoy el ranking global muestra actores como:
TSMC (Taiwán)
Samsung Group, Hyundai Motor, SK Group (Corea del Sur)
Alibaba, Tencent, BYD, CATL, Huawei (China)
Tata Group, Mahindra, HCL Group, Infosys (India)
Temasek, GIC, Sea Limited (Singapur)
LG Corp (Corea del Sur) y Foxconn/Hon Hai (Taiwán)
Mubadala, ADQ, PIF, Saudi Aramco, Dubai World (Golfo)
JBS (Brasil)
Estas no son empresas marginales. Son conglomerados con músculo financiero, capacidad tecnológica y ambición global. Están invirtiendo en Europa, en Estados Unidos, en África y en el Sudeste Asiático. Son multinacionales del Sur invirtiendo en el Norte. Y del Sur invirtiendo en el Sur. Ese es el cambio estructural.
¿Y Costa Rica?
Costa Rica sigue dependiendo fuertemente de la IED proveniente de Estados Unidos y, en menor medida, Europa. Eso no es negativo en sí mismo. Al contrario, ha sido parte del éxito del modelo de zonas francas y servicios globales. Pero es un modelo concentrado.
Cuando el mundo diversifica fuentes de capital, nosotros seguimos extrayendo agua del mismo pozo. El problema no es el agua. El problema es la concentración del pozo.
En un entorno geopolítico volátil, depender excesivamente de un solo origen de capital implica:
Mayor exposición a ciclos económicos del Norte.
Vulnerabilidad ante cambios regulatorios externos.
Dependencia estratégica de decisiones corporativas que no controlamos.
Mientras tanto, los nuevos inversionistas globales están buscando:
Plataformas tecnológicas.
Talento especializado.
Ecosistemas estables.
Neutralidad geopolítica.
Seguridad jurídica.
Costa Rica cumple varios de esos atributos. Pero no los está comunicando ni activando estratégicamente hacia esos nuevos actores.
La geografía del capital cambió
Tomemos ejemplos concretos:
TSMC redefine la industria global de semiconductores.
Samsung y SK Group invierten en baterías, biotecnología y semiconductores.
BYD y CATL lideran la revolución de movilidad eléctrica.
Tata Group se expande en tecnología, automoción y servicios digitales.
Temasek y GIC son fondos soberanos con visión estratégica de largo plazo.
Mubadala y el PIF saudí invierten en infraestructura, tecnología y energías limpias.
Estos actores no buscan únicamente costos bajos. Buscan plataformas estratégicas. Costa Rica podría ser una. Pero no lo será si la estrategia de promoción sigue anclada en el paradigma tradicional.
El error conceptual
Hay un error sutil pero profundo en nuestra conversación nacional sobre IED. Seguimos hablando como si el mundo fuera el de los años noventa:
Capital del Norte.
Manufactura de exportación.
Servicios compartidos.
Ventaja salarial.
El mundo 2026 es distinto:
Capital multipolar.
Inversión estratégica en tecnología.
Competencia geoeconómica.
Diversificación de riesgos globales.
Si no entendemos eso, corremos el riesgo de celebrar flujos mientras ignoramos tendencias.
No se trata de abandonar a Estados Unidos
Estados Unidos seguirá siendo un socio clave. Nadie plantea lo contrario. El punto es diversificar. Una política madura de IED no depende de un único eje geográfico.
Depende de:
Mapear nuevos actores globales.
Construir relaciones institucionales con Asia y Medio Oriente.
Identificar conglomerados emergentes con expansión global.
Diseñar estrategias sectoriales específicas para atraerlos.
Costa Rica tiene estabilidad democrática, talento humano y experiencia en sectores tecnológicos. Es un activo raro en América Latina. Pero la promoción debe evolucionar al ritmo del capital global.
La pregunta incómoda
¿Estamos haciendo misiones de promoción en India con la misma intensidad que en Silicon Valley?
¿Tenemos presencia estratégica en Corea del Sur?
¿Hay una agenda estructurada hacia fondos soberanos del Golfo?
¿Estamos mapeando conglomerados emergentes latinoamericanos?
Si la respuesta es no, entonces el modelo necesita actualización.
El riesgo de la complacencia
Cuando un país ha sido exitoso en un modelo, el mayor riesgo es la complacencia. Costa Rica fue pionera en atraer manufactura avanzada y servicios globales. Pero el liderazgo pasado no garantiza liderazgo futuro.
La competencia internacional es más intensa que nunca. Y los nuevos jugadores globales están redibujando las cadenas de valor.
Seguimos sacando agua del mismo pozo
La metáfora es simple. El pozo estadounidense sigue dando agua. Pero el acuífero global se expandió hacia Asia, Medio Oriente y economías emergentes.
Si no perforamos en esos nuevos territorios, no porque el agua actual falte, sino porque la diversificación es estratégica, estaremos dejando oportunidades sobre la mesa. La IED no es solo flujo de capital. Es inserción en redes globales de innovación.
Es aprendizaje institucional.
Es sofisticación productiva.
Es complejidad económica.
Y si hablamos de complejidad, sabemos que la diversificación de socios importa tanto como la diversificación de productos.
La conclusión disruptiva
Costa Rica no necesita abandonar su modelo. Necesita ampliarlo.
El mundo ya es multipolar en capital. Nuestra estrategia de atracción todavía no lo es plenamente.
Mientras el ranking global muestra a Samsung, TSMC, Tata, BYD, Temasek, Mubadala o PIF expandiéndose agresivamente, nosotros seguimos celebrando anuncios tradicionales sin preguntarnos:
¿Dónde están los nuevos inversionistas del mundo emergente en nuestra estrategia?
No es una crítica. Es una invitación a actualizar el mapa mental. Porque el capital ya cambió de geografía. Y si seguimos sacando agua del mismo pozo, no será porque no exista agua en otro lado. Será porque no quisimos mirar.