Complejidad no es moda: lo que el ECI revela y Costa Rica no quiere escuchar

En 2024, el gráfico del Economic Complexity Index (ECI) vuelve a mostrar lo que muchos prefieren ignorar: existe una relación estructural entre complejidad económica y PIB per cápita. No es una correlación trivial. Es una arquitectura profunda del desarrollo.

En ese mapa global, los países con mayor complejidad exportadora —Alemania, Japón, Corea del Sur, Suiza— están sistemáticamente en la parte superior derecha: alta complejidad, alto ingreso.

Costa Rica aparece en una posición intermedia. Chile, también. Y aquí comienza la incomodidad.

¿Qué mide realmente el ECI?

El Economic Complexity Index no mide cuánto exporta un país. No mide cuánto atrae de inversión extranjera directa (IED). No mide cuántos centros de datos instala. El ECI mide algo más profundo: la cantidad y sofisticación del conocimiento productivo embebido en la estructura exportadora de bienes de un país.

El modelo, desarrollado por Hidalgo y Hausmann (2009) en Harvard, funciona bajo una lógica elegante:

  1. Se construye una matriz país-producto.

  2. Se identifica en qué bienes un país tiene ventaja comparativa revelada.

  3. Se calcula la diversidad (cuántos productos exporta un país).

  4. Se calcula la ubicuidad (cuántos países exportan ese mismo producto).

  5. Se pondera la diversidad por la inversa de la ubicuidad.

En términos simples:

  • Exportar muchos productos comunes no genera complejidad.

  • Exportar pocos productos exclusivos tampoco.

  • La complejidad surge cuando un país exporta muchos productos que pocos pueden fabricar.

Es un indicador estructural de capacidades acumuladas. Y ahí está el punto.

El caso Costa Rica: Intel como shock estructural

Costa Rica tuvo ECI negativo hasta 1998.

Entra Intel con la exportación de microprocesadores → el índice mejora.
Sale parcialmente → el índice se deteriora.
Regresa en 2021 → vuelve a subir.
Se traslada producción a Asia en 2025 → nuevamente presión a la baja.

Esto no es anecdótico.

La fabricación de semiconductores tiene:

  • baja ubicuidad global,

  • alta densidad tecnológica,

  • múltiples encadenamientos productivos,

  • sofisticación industrial profunda.

Eso mueve el ECI.

Ni los dispositivos médicos —aunque sofisticados— tienen la misma exclusividad tecnológica global. Ni los servicios modernos están plenamente capturados en el cálculo tradicional del índice. Y aquí empieza la conversación que nadie quiere tener.


El mito cómodo: Los servicios nos sofisticaron

Costa Rica es líder regional en exportación de servicios basados en conocimiento.
Es un hub en BPO, ingeniería, diseño, fintech, soporte corporativo.

Pero el ECI —que mide complejidad industrial basada en bienes— no se dispara por eso.

¿Significa que los servicios no agregan sofisticación?

No. Significa que el ECI captura principalmente complejidad tangible industrial.

Los servicios generan complejidad cognitiva. El índice mide complejidad manufacturera.

Confundir ambas cosas es un error conceptual grave.

Chile: capital abundante, complejidad contenida

Chile recibió en 2024 más de US$15.300 millones en IED. Más de tres veces lo que Costa Rica.

Reinversión de utilidades: US$10.190 millones. Minería y energía dominan. Servicios globales crecen. Centros de datos se anuncian como el futuro.

Sin embargo, Chile no supera ampliamente a Costa Rica en complejidad exportadora.

¿Por qué?

Porque la minería, aunque intensiva en capital, es altamente ubicua.
Porque la energía renovable es cada vez menos exclusiva.
Porque los centros de datos no exportan conocimiento productivo; alojan información.

Un data center no es un semiconductor. Es infraestructura. No densifica el espacio de productos.

El ECI no reacciona ante racks de servidores. Reacciona ante conocimiento productivo replicable en bienes complejos.

La paradoja incómoda

Costa Rica puede exportar más servicios modernos que Chile. Chile puede atraer más capital que Costa Rica. Pero ninguno de los dos está transformando radicalmente su complejidad estructural.

El primero depende de nodos puntuales de alta tecnología. El segundo depende de recursos naturales y reinversión minera.

Ambos tienen éxito. Ambos tienen fragilidades.

Lo que el gráfico realmente dice

El gráfico ECI vs PIB per cápita 2024 muestra una nube clara: la complejidad explica ingreso. Pero también muestra dispersión.

Hay países con alto ingreso y menor complejidad (economías financieras o petroleras). Hay países con complejidad creciente pero aún ingreso moderado.

El mensaje no es determinista. Es estructural.

Complejidad no garantiza riqueza inmediata. Pero sin complejidad profunda, el crecimiento se estanca.

El error de política pública

El error no es apostar por servicios.
El error no es atraer centros de datos.
El error es creer que eso sustituye una estrategia deliberada de densificación tecnológica.

La pregunta estratégica es:

¿Queremos ser exportadores eficientes de tareas?
¿O arquitectos de capacidades industriales profundas?

La diferencia es enorme.

Lo verdaderamente disruptivo

Costa Rica demostró que puede insertarse en cadenas globales. Chile demostró que puede atraer capital masivo.

Pero el ECI está diciendo algo incómodo:

La sofisticación estructural sigue siendo frágil y concentrada.

Y eso exige una segunda generación de política industrial inteligente:

  • Semiconductor ecosystem, no solo planta.

  • Diseño electrónico local.

  • Manufactura avanzada complementaria.

  • Ingeniería aplicada con propiedad intelectual.

  • Vinculación universitaria-industrial profunda.

  • Encadenamientos reales, no simbólicos.

Construir sin destruir

Este no es un llamado a abandonar servicios. Es un llamado a complementarlos.

No es una crítica a la IED. Es una advertencia sobre su composición.

No es nostalgia por Intel. Es comprensión de lo que Intel representaba en términos de complejidad.

La verdadera pregunta para Costa Rica y Chile no es cuánto capital llega. Es qué capacidades se quedan.

El mensaje final

El ECI no es perfecto. Subestima servicios. No captura plenamente complejidad digital.

Pero sí revela algo fundamental: La prosperidad sostenible está anclada en la acumulación profunda de conocimiento productivo.

Si no densificamos nuestras capacidades, seguiremos celebrando flujos, pero no transformando estructuras. Y la historia económica es clara: las estructuras siempre ganan

Sandro Zolezzi

Chileno-Costarricense. Ingeniero Civil-Industrial con énfasis en optimización de recursos de la Universidad de Chile, con una Maestría en Administración de Negocios con énfasis en economía y finanzas del INCAE Business School de Costa Rica.

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