El verdadero desafío de Costa Rica: transmitir el aprendizaje de la IED al otro 85% de la economía

Por años Costa Rica ha celebrado con razón uno de sus mayores éxitos económicos: la capacidad de atraer inversión extranjera directa (IED) de alto valor agregado. Empresas globales de tecnología, servicios modernos, manufactura avanzada y dispositivos médicos han encontrado en el país un ecosistema institucional estable, talento humano competitivo y un régimen de zonas francas que ha funcionado como una verdadera plataforma de desarrollo.

Ese 15% de la economía moderna, concentrado en zonas francas y cadenas de exportación sofisticadas, es hoy uno de los sectores más productivos de América Latina.

Pero ese éxito encierra una paradoja que rara vez discutimos con suficiente claridad.

El verdadero desafío del desarrollo costarricense no está en atraer más inversión extranjera.

El verdadero desafío está en transmitir el aprendizaje que genera esa inversión al otro 85% de la economía.

Ese 85% incluye miles de pequeñas y medianas empresas, comercios, servicios locales, agricultura tradicional y actividades productivas que operan con niveles de productividad mucho más bajos que los sectores vinculados a la economía global.

Este fenómeno se conoce en economía como dualidad productiva.

Dos economías conviven dentro del mismo país:
una altamente integrada al mundo, innovadora y competitiva;
y otra que opera principalmente en mercados domésticos con menor productividad, menor adopción tecnológica y menor acceso a conocimiento.

Costa Rica ha sido extraordinariamente exitosa construyendo la primera. Pero aún no ha logrado conectar ambas de manera sistemática.

La pregunta relevante para la próxima década no es cuánto capital extranjero más podemos atraer.

La pregunta relevante es otra:

¿Cómo logramos que el conocimiento que generan esas empresas se difunda hacia el resto de la economía?

La buena noticia es que ese conocimiento existe. Las empresas multinacionales que operan en Costa Rica introducen constantemente nuevas prácticas de gestión, procesos productivos, tecnologías digitales, estándares de calidad y sistemas de innovación.

Ese proceso genera lo que los economistas llamamos efectos de aprendizaje o spillovers de conocimiento.

Pero esos efectos no ocurren automáticamente. Requieren puentes institucionales y mecanismos que permitan que el conocimiento fluya hacia otras empresas.

Si Costa Rica quiere dar el siguiente salto de desarrollo, debe concentrarse en construir esos puentes.

Primero, es fundamental fortalecer la integración productiva entre multinacionales y empresas locales.

Muchas pequeñas empresas costarricenses tienen el potencial de convertirse en proveedores de empresas que operan en zonas francas, pero enfrentan barreras importantes: desconocimiento de estándares, falta de certificaciones, debilidad en procesos productivos o simplemente falta de información sobre cómo acceder a esas cadenas de valor.

Programas sistemáticos de desarrollo de proveedores pueden cerrar esa brecha. Países como Irlanda, República Checa o Singapur han demostrado que conectar pymes locales con empresas globales es una de las formas más efectivas de transmitir conocimiento productivo.

Segundo, Costa Rica necesita una simplificación regulatoria mucho más agresiva para pequeñas empresas.

Mientras las multinacionales operan en un entorno institucional relativamente eficiente, miles de pymes enfrentan un sistema complejo de permisos, regulaciones y trámites que consume tiempo, recursos y energía empresarial.

La creación de una ventanilla única digital para pymes, que simplifique procesos y reduzca cargas administrativas, puede liberar una enorme cantidad de energía productiva hoy atrapada en la burocracia.

Tercero, la digitalización de las pequeñas empresas debe convertirse en una prioridad nacional.

El comercio electrónico, la contabilidad digital, el uso de herramientas de inteligencia artificial básicas para marketing o gestión empresarial, y la adopción de tecnologías digitales accesibles pueden transformar rápidamente la productividad de miles de empresas.

En la economía moderna, la brecha tecnológica no solo separa países ricos de países pobres. También separa empresas dentro del mismo país.

Reducir esa brecha es clave para cerrar la dualidad productiva.

Cuarto, y quizás más importante, Costa Rica necesita empezar a medir sistemáticamente los efectos de aprendizaje que genera la inversión extranjera.

Durante décadas hemos medido cuánto capital llega, cuántos empleos se crean y cuánto exportan las empresas multinacionales.

Pero hemos medido mucho menos algo aún más importante: cuánto conocimiento se difunde desde esas empresas hacia el resto de la economía.

En la era de la inteligencia artificial y el aprendizaje colectivo, esa medición se vuelve aún más relevante.

Las economías modernas ya no compiten únicamente por atraer capital. Compiten por acumular conocimiento.

Cada empresa que introduce nuevas tecnologías, nuevas formas de organizar el trabajo o nuevas prácticas de innovación genera señales de aprendizaje que pueden multiplicarse a través de toda la economía.

Si esas señales se transmiten con éxito, el crecimiento se acelera. Si quedan confinadas en enclaves productivos, la dualidad económica se profundiza.

Costa Rica ha demostrado una capacidad extraordinaria para atraer inversión extranjera de calidad. Ese logro debe celebrarse y fortalecerse.

Pero el próximo capítulo del desarrollo nacional no dependerá únicamente de cuántas empresas globales lleguen al país.

Dependerá de algo más complejo y más ambicioso: cuánto aprendizaje logremos transmitir desde ese 15% moderno hacia el otro 85% de la economía.

En otras palabras, el desafío ya no es solo atraer inversión.

El desafío es democratizar el conocimiento productivo que esa inversión genera.

Si Costa Rica logra hacerlo, no solo consolidará su modelo de desarrollo. También podrá cerrar una de las brechas estructurales más persistentes de su economía.

Y ese, más que cualquier indicador de inversión, será el verdadero signo de una economía que aprende.

Sandro Zolezzi

Chileno-Costarricense. Ingeniero Civil-Industrial con énfasis en optimización de recursos de la Universidad de Chile, con una Maestría en Administración de Negocios con énfasis en economía y finanzas del INCAE Business School de Costa Rica.

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