Costa Rica no dejó de crecer: cambió de motor
Una nota técnica sobre crecimiento, productividad y empleo (1950–2023)
Resumen ejecutivo
El debate económico en Costa Rica continúa centrado en la evolución del empleo, a pesar de que los datos de largo plazo muestran un cambio estructural profundo en los motores del crecimiento. Utilizando información comparable internacionalmente de la Penn World Table (PWT 11.0) para el período 1950–2023, esta nota técnica descompone el crecimiento del PIB per cápita mediante una identidad contable tipo DuPont, separando el aporte de la productividad por trabajador y el empleo relativo.
Los resultados muestran que Costa Rica transitó desde un régimen de crecimiento extensivo hacia uno intensivo, en el cual el aumento del ingreso por habitante está explicado casi exclusivamente por ganancias de productividad —particularmente productividad por hora trabajada— mientras que el empleo relativo dejó de ser un motor relevante. Este cambio de régimen se consolida a partir de la década de 2010 y tiene implicaciones directas para el diseño de políticas públicas.
Marco analítico: una descomposición tipo DuPont
El PIB per cápita puede expresarse de manera exacta como:
Esta identidad permite distinguir dos motores del crecimiento:
Productividad por trabajador (PIB/empleo)
Empleo relativo (empleo/población)
Esta identidad permite separar con precisión contable, no interpretativa, los motores del crecimiento económico.
A partir de 1987, cuando la PWT reporta horas trabajadas, la productividad por trabajador puede refinarse como:
Esta estructura no introduce supuestos conductuales ni econométricos: se trata de contabilidad del crecimiento, lo que garantiza robustez interpretativa.
Evidencia de largo plazo: 1950–2023
Figura 1. Costa Rica: descomposición DuPont del PIB per cápita (índices base 1950 = 100, 1950–2023)
La Figura 1 muestra la evolución del PIB per cápita, la productividad por trabajador y el empleo relativo en índices base 1950 = 100. Durante las primeras décadas, las tres series avanzan de forma relativamente sincronizada. Sin embargo, a partir de los años noventa —y con mayor claridad desde 2010— el PIB per cápita comienza a alinearse casi exclusivamente con la productividad, mientras el empleo relativo pierde protagonismo como motor del crecimiento agregado.
Crecimiento por regímenes: una lectura estructural
Figura 2. Motores del crecimiento del PIB per cápita por período: descomposición logarítmica tipo DuPont (1951–2023)
Para identificar cambios de régimen en los motores del crecimiento, el análisis se complementa con una descomposición logarítmica por grandes períodos. Intuitivamente, esta descomposición consiste en separar cuánto del crecimiento del ingreso por habitante en cada período se explica por aumentos en la productividad y cuánto por cambios en la proporción de personas empleadas. Para ello se utilizan logaritmos, porque permiten trabajar con tasas de crecimiento comparables y aditivas: el crecimiento total puede descomponerse de manera consistente en la contribución de cada factor. Al trabajar con tasas de crecimiento acumuladas —en lugar de niveles— se evita que los resultados dependan del año inicial, se reducen problemas de escala y se obtiene una lectura más clara de los motores dominantes en cada etapa histórica. De este modo, la figura no muestra “qué creció más”, sino “qué explicó el crecimiento” en cada período.
La Figura 2 presenta una descomposición logarítmica del crecimiento del PIB per cápita por grandes períodos, separando las contribuciones de productividad y empleo relativo.
1950–1970: crecimiento liderado por productividad; el empleo relativo aporta poco o resta.
1971–1980: transición hacia un crecimiento más extensivo, con mayor aporte del empleo.
1981–1990: colapso de la productividad; el empleo no logra compensar, resultando en estancamiento del PIB per cápita.
1991–2010: reinicio estructural y consolidación del modelo abierto; ambos motores contribuyen positivamente.
2011–2023: cambio definitivo de régimen; la productividad explica prácticamente todo el crecimiento, mientras el empleo relativo se vuelve marginal o negativo. Este resultado es plenamente consistente con la evidencia previa para Costa Rica. En particular, refuerza los hallazgos de Ivankovich y Martínez (2020), quienes documentan que, desde la década de 2010, el crecimiento económico del país se apoya crecientemente en mejoras de productividad más que en la expansión del empleo. Asimismo, coincide con el análisis más reciente de Monge-González et al. (2024), que confirma una disociación estructural entre crecimiento, empleo y salarios reales, subrayando que la productividad laboral se consolida como el principal motor del desempeño agregado en este período.
Este resultado demuestra que el empleo dejó de ser el motor dominante del crecimiento agregado hace más de una década.
La sofisticación del crecimiento: productividad por hora
Figura 3. Productividad por hora trabajada (PIB real por hora, PPP 2021), 1987–2023
La Figura 3 muestra un crecimiento sostenido de la productividad por hora trabajada desde finales de los años noventa, con una aceleración clara posterior a 2010. Este patrón indica que las ganancias de productividad no provienen de un aumento en la intensidad laboral, sino de mayor eficiencia en el uso del tiempo de trabajo.
Menos horas, más valor
Figura 4. Horas anuales trabajadas por persona ocupada, Costa Rica 1987–2023
La Figura 4 revela una tendencia descendente de largo plazo en las horas trabajadas por empleado, con una ruptura adicional durante la pandemia que no se revierte completamente. Esta reducción en la intensidad laboral coexiste con aumentos sostenidos en la productividad.
Síntesis: eficiencia versus intensidad
Figura 5. Eficiencia versus intensidad laboral: productividad por hora y horas trabajadas (índices base 1987 = 100)
La Figura 5 sintetiza el cambio estructural: Costa Rica produce más valor por hora trabajada al mismo tiempo que reduce la cantidad de horas trabajadas por persona. Este patrón es característico de economías que transitan hacia un régimen de crecimiento intensivo basado en conocimiento y sofisticación productiva. No obstante, este proceso convive con una marcada dualidad estructural: mientras los sectores integrados al modelo de promoción de exportaciones y atracción de IED capturan plenamente estos beneficios, una parte significativa de la economía permanece rezagada, con bajos niveles de productividad y limitada capacidad de absorción de los encadenamientos generados por el sector moderno. La coexistencia de ambos regímenes constituye uno de los principales desafíos de política pública hacia adelante.
Implicaciones para el debate de política pública
El empleo sigue siendo una variable socialmente relevante, pero ya no es el motor principal del crecimiento agregado. Persistir en un diagnóstico centrado exclusivamente en el empleo tradicional implica utilizar un marco mental desfasado respecto de la realidad estructural del país.
El desafío actual de Costa Rica no es crear empleo tradicional a cualquier costo, sino sostener y ampliar las ganancias de productividad, especialmente aquellas asociadas a capital humano, innovación, servicios modernos e inversión extranjera directa de alta calidad. Para ello, la transformación estructural de la economía demanda una transformación estructural de la educación en todos los niveles. Una tarea aún pendiente.
Nota final
Llegué a Costa Rica hace más de dos décadas y desde 2020 soy costarricense. Esta lectura estructural no surge de una intuición ex post ni de una reinterpretación oportunista de los datos, sino de una convicción formada a lo largo del tiempo, observando la economía real, su inserción internacional y sus tensiones internas. Hoy, esa convicción queda confirmada por 73 años de datos comparables internacionalmente.
El análisis muestra que Costa Rica no dejó de crecer: cambió de motor. El país transitó desde un régimen de crecimiento extensivo, apoyado en la expansión del empleo y las horas trabajadas, hacia uno intensivo, basado en productividad, conocimiento y sofisticación productiva. Este cambio no es reciente ni coyuntural; se consolidó hace más de una década.
Persistir en diagnósticos y debates públicos anclados exclusivamente en el empleo tradicional implica desconocer esta trayectoria estructural. El verdadero desafío de política pública no es “volver atrás”, sino profundizar y ampliar un modelo de crecimiento que ya demostró ser capaz de generar más valor con menos intensidad laboral, al tiempo que enfrenta el reto pendiente de reducir su dualidad interna.
Entender el cambio de motor no garantiza buenas políticas, pero no entenderlo garantiza malas decisiones. Esta nota técnica busca contribuir a ese entendimiento, desde la evidencia y sin nostalgia por un pasado que ya no describe la economía costarricense.